No eras hombre, no eras mujer.
Odiabas y amabas a ambos,
y ese odio mismo era tejer.
No conocí tu risa y entendí
que la perfección no ríe,
que solo parece dormir.
No existías, y eras alguien.
Me mirabas y no me veías,
dentro de mi no había nadie.
No eras frío, no eras calor.
No creías y no dabas verdad,
pero no eras vida, eras dolor.